Corrige esto en tu forma de manejo para aumentar la vida útil del Clutch

Una avería en el embrague suele ser un motivo de conflicto muy habitual entre clientes y marcas.

Los embragues, por la fricción y el estrés que sufren durante la conducción, son elementos sujetos a desgaste y, por lo tanto, muy delicados a la hora de recurrir a la cobertura de nuestra garantía. No vamos a entrar en una descripción técnica del embrague de un cambio manual, para no enredar más, basta con la comprensión de que es un conjunto de piezas que intermedia entre el motor y las ruedas, para transmitir el movimiento sobre estas últimas.

Los embragues, como cualquier otro componente de nuestro coche, pueden desfallecer prematuramente debido a un problema de construcción, un fallo de fábrica. Pero como conocemos, las averías por un uso inadecuado, en ocasiones por un mal hábito, son demasiado comunes. Y los fabricantes también se van a agarrar a cualquier indicio que evidencie que ese fue el problema para evitar costear la reparación. ¿Qué malos hábitos pueden acabar con el embrague de tu coche roto?

  1. No apoyes el pie en el pedal del embrague

Puede que te resulte ridículo que esto suceda. Pero de verdad, sucede. Cualquier coche con cambio manual, por pequeño que sea, tiene espacio suficiente para que nuestro pie izquierdo repose en el suelo, o sobre un pequeño abultamiento – un reposapiés – a la izquierda de los pedales. Aunque por alguna extraña razón te resulte más cómodo tener cerca tu pie izquierdo del embrague, o incluso encima de este, siempre que no estés engranando una marcha deberías tenerlo apoyado en su correspondiente reposapiés. Y sobre todo, deberías apoyarlo en marcha sobre el pedal del embrague. Incluso el mínimo toque con el pedal puede generar fricciones que en unos pocos kilómetros destrocen por completo el embrague de nuestro coche.

  1. Pisa hasta el fondo el pedal del embrague

Tan dañino para nuestro embrague es pisar el pedal ligeramente cuando no debemos, como no pisarlo a fondo cuando engranamos marchas. De nuevo estaríamos sometiendo al conjunto de la transmisión a fricciones que pueden hacer que un embrague dure mucho menos de lo que debería. Asegúrate de que tu asiento está bien ajustado longitudinalmente, de manera que puedas pisar a fondo el pedal del embrague sin que te resulte incómodo. Piensa que en 1.000 kilómetros de conducción urbana cambiaremos de marcha cientos, o incluso miles de veces, y que cada vez que engranemos una marcha sin pisar bien el embrague, aunque entre sin «rascar» demasiado, estaremos acortando la vida del embrague.

  1. No sueltes el pedal demasiado rápido

Por la misma razón que no pisar a fondo el pedal para cambiar de marcha es dañino para nuestro embrague, soltarlo demasiado rápido, o hacerlo de manera desacompasada con nuestro movimiento de mano derecha sobre la palanca de cambios, genera un estrés y fricciones innecesarias en el embrague.

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